Los sistemas dispersos como emulsiones, suspensiones, espumas y geles son inherentemente inestables. Con el tiempo, la separación de fases, la migración o la evolución del tamaño de las partículas pueden comprometer el rendimiento del producto y su aspecto.
Tradicionalmente, la evaluación de la vida útil se ha basado en la observación visual a largo plazo, a veces acelerada por el almacenamiento a alta temperatura. Aunque su uso está muy extendido, este método es lento, costoso, laborioso y depende en gran medida de la interpretación subjetiva; suele tardarse semanas o meses para llegar a una conclusión.
Al mismo tiempo, el desarrollo de formulaciones generalmente implica múltiples repeticiones de prueba y error para analizar las materias primas, los procesos y los parámetros físicos. Estos ensayos de estabilidad consumen mucho tiempo, muestras y recursos, lo que frena la innovación y aumenta los costes de desarrollo.